Modelo de compresión
lectora:
Varios
libros (Alonso y Mateos 1987, Solé 1987 y 1992 y Colomer y Camps 1991) explican
los diferentes modelos teóricos, ascendentes, descendentes e interactivos, que
los investigadores han propuesto durante los últimos años para explicar el
proceso de compresión lectora. En este manual general exponemos el modelo
interactivo, el más completo y consiste, a partir de un esquema gráfico,
necesariamente sencillo, y remitimos a los más interesados en el tema a las
referencias anteriores.
El modelo
interactivo sostiene que la compresión del texto se alcanza a partir de la
interrelación entre los que el lector lee y lo que ya sabe sobre el tema.
El proceso
de lectura se pone en marcha antes de empezar a percibir propiamente el texto,
cuando el lector empiezan a plantear sus expectativas sobre lo que va a leer:
tema, tipo de texto, tono, etc. Toda la experiencia de lectura que hemos
acumulado durante nuestra vida está grabada en la memoria a largo plazo (MLP),
en unos esquemas de conocimiento que
organizan la información de forma estructurada. De este modo, podemos prever
qué tipo de texto se suele leer en cada situación. Además contiene también el
dominio del sistema de la lengua que hemos alcanzado y nuestro conocimiento del
tema sobre el cual vamos a leer. Todas estas informaciones previas permiten
que antes de leer el texto podamos
anticipar o formular hipótesis sobre el texto.
Antes de
empezar a leer, fijamos mentalmente unos objetivos de lectura, relacionados con
la situación comunicativa: ¿Qué información buscamos? ¿Qué datos? ¿Cuánto
tiempo tenemos para leer el texto? Damos respuesta a preguntas de este tipo e
incluso ya tenemos alguna idea sobre el cuál puede ser el dato que buscamos,
donde podemos encontrarlo, cuanto tiempo
necesitamos para comprenderlo. Estos objetivos determinan la forma de leer: si
solamente hace falta una idea global o un dato específico, si hay que ir
deprisa o despacio.
Cuando
empezamos a percibir el texto, el ojo explora la línea de prosa mediante fijaciones
sucesivas. En cada fijación captamos unas cuantas palabras y tendemos a
concentrarnos en las unidades superiores, que son las que nos permiten recibir
más información a la vez. Además no nos fijamos indiscriminadamente en todas
las letras de todas las palabras, sino que utilizamos las habilidades de
lectura rápida y de lectura atenta (skimming –lectura lenta y scanning-lectura rápida)
para elegir lo que nos interesa del texto.
Con las
primeras percepciones que empezamos a verificar las hipótesis de significado
que habíamos formulado antes de empezar a leer. El proceso de formular y
verificar hipótesis es la esencia de la compresión, es la interacción entre lo
que ya sabemos y lo nuevo que nos dice el texto. Es un proceso instantáneo y
activo, que trabaja durante toda la lectura.
Dentro de la
formulación de hipótesis podemos distinguir varias microhabilidades: la
anticipación, la predicción, la inferencia.
La memoria a
corto plazo (MCP) es la que nos permite recordar algún dato durante unos segundos y nos
permite procesar la información. Para comprender, tenemos que recordar durante
unos segundos lo que vamos leyendo. Si nos falla la MCP nos perdemos en alguno
de estos puntos y tenemos que volver atrás para repescar lo que hemos perdido.
Este
complejo proceso interactivo de lectura finaliza cuando el lector consigue
formarse una representación mental del texto, según los objetivos que se haya
planteado.
Modelo de expresión
escrita:
Durante el proceso de hacer planes nos hacemos una representación mental, más o menos
completa y esquemática de lo que queremos escribir y de cómo queremos proceder.
El subproceso de generar es la puerta
de entrada a las informaciones de la memoria; solemos activarlo repetidas veces
durante la compresión, en distintos momentos y con varios propósitos (buscar
otro argumento más para el texto, recordar la estructura de la instancia,
seleccionar un sinónimo, etc.), normalmente trabaja de manera rápida, ágil y
breve. El subproceso de organizar
clasifica los datos que emergen de la memoria y el de formular objetivos establece los propósitos de la composición:
imagina un proyecto de texto, con todas las características que tendrá
(objetivos de contenido) y un método de trabajo
(objetivos de proceso).
El proceso
de redactar se encarga de transformar este proyecto de
texto, que hasta ahora era sólo un esquema semántico, una representación
jerárquica de ideas y objetivos, en un discurso verbal lineal e inteligible,
que respeta las reglas del sistema de la lengua, las propiedades del texto y
las convenciones socio-culturales establecidas.
En la
relación de la instancia buscaremos la manera más clara y concisa de formular
con palabras todo lo que hemos planificado. Por un lado, tenemos la necesidad
de exponer los hechos y los datos relevantes, dejando clara nuestra postura,
los argumentos que la sostienen y la solicitud concreta que efectuamos. Por
otro lado, tenemos algunas limitaciones: nos hemos propuesto ser concisos, el
tipo de texto nos exige un estilo formal que no dominamos, además tenemos que
buscar un lenguaje que comparta nuestro lector, e incluso tenemos que respetar
todas las reglas de la gramática.
En los
procesos de revisión el autor compara
el escrito realizado en aquel momento con los objetivos planificados
previamente y lo retoca para adaptarse a ellos y para mejorarlo. En el apartado
leer, repasa el texto que va
realizado y el apartado rehacer
modifica todo lo quesea necesario. Finalmente, el control es un cuadro de dirección que regula el funcionamiento y la
participación de los diversos procesos en la actividad global de la
composición. Hay que entender que el conjunto de procesos del esquema se pueden
encadenar de varias formas y que todas son perfectamente válidas. No existe ningún esquema lineal y
lógico de trabajo, sino que cada persona, según su carácter, su estilo y
también el problema retorico que se presenta, actúa de una manera o de otra. La
calidad del producto final depende de si el proceso de redacción ha sido
suficientemente desarrollado y completo y no del orden que se ha seguido en
cada caso.
En el momento de pensar en nuestros alumnos…
¿Cómo escriben? ¿Siguen un proceso parecido al que se ha expuesto?
¿Qué hacen cuando les proponemos un tema de redacción? ¿Buscan ideas,
planifican, hacen esquemas, revisan, modifican el texto? ¿O quizá se lanzan
inmediatamente a llenar la hoja en blanco y no paran de escribir hasta que lo
han conseguido? Probablemente encontraríamos algún adolecente avanzado que realiza
alguno de estos procesos, pero lo cierto es que la mayoría de los alumnos
escriben de una forma automática, sin mucha reflexión ni elaboración. Por otra
parte, también es cierto que estos procesos se desarrollan con la edad y que
los alumnos más pequeños escriben de una manera más simple, mientras que los
mayores dedican más tiempo y trabajo a
ello.
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