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jueves, 28 de mayo de 2015

Modelo de comprensión lectora


Modelo de compresión lectora:

Varios libros (Alonso y Mateos 1987, Solé 1987 y 1992 y Colomer y Camps 1991) explican los diferentes modelos teóricos, ascendentes, descendentes e interactivos, que los investigadores han propuesto durante los últimos años para explicar el proceso de compresión lectora. En este manual general exponemos el modelo interactivo, el más completo y consiste, a partir de un esquema gráfico, necesariamente sencillo, y remitimos a los más interesados en el tema a las referencias anteriores.

El modelo interactivo sostiene que la compresión del texto se alcanza a partir de la interrelación entre los que el lector lee y lo que ya sabe sobre el tema.

El proceso de lectura se pone en marcha antes de empezar a percibir propiamente el texto, cuando el lector empiezan a plantear sus expectativas sobre lo que va a leer: tema, tipo de texto, tono, etc. Toda la experiencia de lectura que hemos acumulado durante nuestra vida está grabada en la memoria a largo plazo (MLP), en unos esquemas de conocimiento que organizan la información de forma estructurada. De este modo, podemos prever qué tipo de texto se suele leer en cada situación. Además contiene también el dominio del sistema de la lengua que hemos alcanzado y nuestro conocimiento del tema sobre el cual vamos a leer. Todas estas informaciones previas permiten que  antes de leer el texto podamos anticipar o formular hipótesis sobre el texto.

Antes de empezar a leer, fijamos mentalmente unos objetivos de lectura, relacionados con la situación comunicativa: ¿Qué información buscamos? ¿Qué datos? ¿Cuánto tiempo tenemos para leer el texto? Damos respuesta a preguntas de este tipo e incluso ya tenemos alguna idea sobre el cuál puede ser el dato que buscamos, donde podemos encontrarlo,  cuanto tiempo necesitamos para comprenderlo. Estos objetivos determinan la forma de leer: si solamente hace falta una idea global o un dato específico, si hay que ir deprisa o  despacio.

Cuando empezamos a percibir el texto, el ojo explora la línea de prosa mediante fijaciones sucesivas. En cada fijación captamos unas cuantas palabras y tendemos a concentrarnos en las unidades superiores, que son las que nos permiten recibir más información a la vez. Además no nos fijamos indiscriminadamente en todas las letras de todas las palabras, sino que utilizamos las habilidades de lectura rápida y de lectura atenta (skimming –lectura lenta y scanning-lectura rápida) para elegir lo que nos interesa del texto.

Con las primeras percepciones que empezamos a verificar las hipótesis de significado que habíamos formulado antes de empezar a leer. El proceso de formular y verificar hipótesis es la esencia de la compresión, es la interacción entre lo que ya sabemos y lo nuevo que nos dice el texto. Es un proceso instantáneo y activo, que trabaja durante toda la lectura.

Dentro de la formulación de hipótesis podemos distinguir varias microhabilidades: la anticipación, la predicción, la inferencia.

La memoria a corto plazo (MCP) es la que nos permite recordar  algún dato durante unos segundos y nos permite procesar la información. Para comprender, tenemos que recordar durante unos segundos lo que vamos leyendo. Si nos falla la MCP nos perdemos en alguno de estos puntos y tenemos que volver atrás para repescar lo que hemos perdido.

Este complejo proceso interactivo de lectura finaliza cuando el lector consigue formarse una representación mental del texto, según los objetivos que se haya planteado.

Modelo de expresión escrita:

El acto de escribir se compone de tres procesos básicos: hacer planes, redactar y revisar, y de un mecanismo de control, el monitor, que se encarga de regularlos y de decidir en qué momento trabaja cada uno de ellos.

Durante el proceso de hacer planes nos hacemos una representación mental, más o menos completa y esquemática de lo que queremos escribir y de cómo queremos proceder. El subproceso de generar es la puerta de entrada a las informaciones de la memoria; solemos activarlo repetidas veces durante la compresión, en distintos momentos y con varios propósitos (buscar otro argumento más para el texto, recordar la estructura de la instancia, seleccionar un sinónimo, etc.), normalmente trabaja de manera rápida, ágil y breve. El subproceso de organizar clasifica los datos que emergen de la memoria y el de formular objetivos establece los propósitos de la composición: imagina un proyecto de texto, con todas las características que tendrá (objetivos de contenido) y un método de trabajo  (objetivos de proceso).

El proceso de redactar  se encarga de transformar este proyecto de texto, que hasta ahora era sólo un esquema semántico, una representación jerárquica de ideas y objetivos, en un discurso verbal lineal e inteligible, que respeta las reglas del sistema de la lengua, las propiedades del texto y las convenciones socio-culturales establecidas.

En la relación de la instancia buscaremos la manera más clara y concisa de formular con palabras todo lo que hemos planificado. Por un lado, tenemos la necesidad de exponer los hechos y los datos relevantes, dejando clara nuestra postura, los argumentos que la sostienen y la solicitud concreta que efectuamos. Por otro lado, tenemos algunas limitaciones: nos hemos propuesto ser concisos, el tipo de texto nos exige un estilo formal que no dominamos, además tenemos que buscar un lenguaje que comparta nuestro lector, e incluso tenemos que respetar todas las reglas de la gramática.

En los procesos de revisión el autor compara el escrito realizado en aquel momento con los objetivos planificados previamente y lo retoca para adaptarse a ellos y para mejorarlo. En el apartado leer, repasa el texto que va realizado y el apartado rehacer modifica todo lo quesea necesario. Finalmente, el control es un cuadro de dirección que regula el funcionamiento y la participación de los diversos procesos en la actividad global de la composición. Hay que entender que el conjunto de procesos del esquema se pueden encadenar de varias formas y que todas son perfectamente  válidas. No existe ningún esquema lineal y lógico de trabajo, sino que cada persona, según su carácter, su estilo y también el problema retorico que se presenta, actúa de una manera o de otra. La calidad del producto final depende de si el proceso de redacción ha sido suficientemente desarrollado y completo y no del orden que se ha seguido en cada caso.

En el momento de pensar en nuestros alumnos…

¿Cómo escriben? ¿Siguen un proceso parecido al que se ha expuesto? ¿Qué hacen cuando les proponemos un tema de redacción? ¿Buscan ideas, planifican, hacen esquemas, revisan, modifican el texto? ¿O quizá se lanzan inmediatamente a llenar la hoja en blanco y no paran de escribir hasta que lo han conseguido? Probablemente encontraríamos algún adolecente avanzado que realiza alguno de estos procesos, pero lo cierto es que la mayoría de los alumnos escriben de una forma automática, sin mucha reflexión ni elaboración. Por otra parte, también es cierto que estos procesos se desarrollan con la edad y que los alumnos más pequeños escriben de una manera más simple, mientras que los mayores dedican más tiempo y trabajo a  ello.

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